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07 abril 2016

Cuando Dios habla después del largo silencio…

Es ineludiblemente para nuestro razonamiento humano cómo un hombre que es eficazmente justo pudiera ser probado con las peores ruinas de su vida: el dolor es aferrante y las palabras son simplemente divagaciones de lo que se cree que una esperanza pudiera resolver las situaciones, tales de ellas son acompañados por sentimientos que se acoplan con llanto y decisiones que sólo el alma quiere resolver. En el libro de Job  nos encontramos con un sencillo ejemplo de quien fue él para el Señor. Como el corazón del hombre es nada, tiene que ser probado y es así que Job fue quebrantado con todo y su casa.

La Biblia relata en Job 1:6-16 que en la reunión de los santos en el trono de Dios, Satanás vino a ellos después de haber rodeado la tierra, una vez Jehová le pregunta «¿De dónde vienes?», y él contó que estaba recorriendo la tierra con mucha velocidad, le comenta qué sí se había fijado en su siervo Job integro en todo los sentidos y  que como él no había nadie en el mundo ya que su devoción era intachable y no se encontraba ningún error. El Señor le refuta diciéndole a Lucifer que fuera y le quitara todo lo que él quisiera pero que no le tocara su alma y comprobara que no sólo Job le amaba porque le suplía sino que su amor hacia Él era genuino.

El diablo ejecutó sus planes malvados sobre su casa, hijos, ganados, amigos y toda su riqueza se fue cuesta abajo, era como «si Dios tuviera motivos acerca de sus sacrificios  no fueran aceptados ante su presencia» al fin al cabo quedó postrado en su cama con sacerdotes que le explicaba acerca de la justicia de Dios pero no llegaba a su pensamiento, la lucha entre lo que él afirmaba era más grande de los que el Señor pudiera hacer por él.

Hasta que vino el profeta Eliú bajo la unión del Espíritu y  habló diciendo que el Todopoderoso no era culpable de esa situación que él atravesaba, sino que la causa de todo su dolor era porque Él prueba tanto justos e injustos por más que podamos apoyarnos a nuestra justicia o pecado. Dios decide cual será nuestro destino y la consecuencia de los que hemos sembrado, sea bueno o malo.

Como decía en la pasaje 38: 4-8 hasta que no le habló Eliú no entendió lo que quería demostrarle acerca de su grandeza y el poder operante en la creación de todo lo que él la sustentaba. Después de aquella zarandeada Job reflexionó sobre quién era Dios y el destino para el cual estaba preparando. Al fin   Dios le restableció su hogar y el matrimonio y le dio tres hermosas hijas, largura de días vivió hasta lograr ver su cuarta generación y murió a más de 140 años.

Esta enseñanza nos da mucho que aprender, no es  la justicia humana que lograremos ser prósperos y que no sobrevendrán cosas malas, sino  es la confianza que tenemos en Él que podamos ofrecer en su presencia y no por nuestras propias fuerzas sino en el poder de su Espíritu y entender que es  lo mejor para cada uno de los que le creen, Tal vez Dios hable y rompa su silencio para bendecirnos y darnos un futuro mejor. Nosotros no debemos darle la espalda, sino adorarle porque su misericordia es nueva cada día. Él rompe el silencio cuando clamamos y sutilmente responde nuestras oraciones.

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