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04 septiembre 2016

El mito del súper líder…

¡Es un avión! ¡No, es un plato volador! ¡No, es súper líder!

Llegó la hora de apagar la TV y despertarnos. Súper líder no existe. Aún el más respetado ministro de la Palabra tiene que reconocer que es un pecador. Somos pecadores y, a menos que Jesús estuviera equivocado, no hay bueno ni aún uno (Mateo 19:17). Todos tenemos una necesidad desesperada de Dios y no podemos confiarnos de nuestra propia justicia. Generalmente los que actúan como superados son los principiantes y no los que tienen muchos años a cuestas. “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). El que cree estar exento de pecar, ya abrió una puerta peligrosa. Además, usted sabe que Mr. Satán tiene a los líderes como blanco preferido, y la Biblia es clara al prevenirnos que el maligno está atento a nuestros pasos y por eso nosotros tenemos que estarlo aún más.

Todos sabemos que el liderazgo genera soledad aunque en el caso del liderazgo en la iglesia, la escena puede ser muy engañosa por la cantidad de gente con la que uno se rodea. Pero estar rodeados no significa estar acompañados.

Sea porque uno quiera verse perfecto para ascender en la escalera ministerial, que uno se vaya de misión a otro lugar, o que esté en el máximo nivel de una congregación y se haya generado una plataforma desde donde nadie le puede decir nada negativo, por diversas razones, muchos se quedan solos en el liderazgo cristiano. Así que no son pocos los que se han alejado de todo contacto con la civilización y viven en la burbuja de un ministerio unipersonal. El problema es que al llegar la tentación están solos y no tienen de dónde agarrase. Todo en ellos es tan misterioso, secreto y solitario que pronto solo cuentan con su propio criterio para discernir lo que está bien de lo que está mal. Y eso puede resultar muy engañoso. No importa lo elocuente o dinámico que sea un líder, todos necesitamos amigos que nos sostengan, puedan decirnos cuando consideran que estamos equivocados y nos llamen la atención si andamos por terrenos peligrosos.

En muchos círculos cristianos existe el mito del súper líder. Eso fue creado por generaciones anteriores que nunca hablaban de sus debilidades y pecados. Uno los escuchaba y jamás encontraba nada negativo en sus vidas. Todo era ejemplar y no tenían ninguno de los problemas por los que pasan los otros seres humanos (todavía esta costumbre sigue vigente en algunos sectores y sobre todo en la televisión evangélica). Además, esto se ve agravado por ser el único ejército que mata a sus heridos. ¿Cómo? Muchos líderes han visto a otros ser avergonzados por la iglesia porque estaban en pecado, en lugar de recibir ayuda y restauración. Entonces tienen miedo de confesar sus debilidades. Recordemos que Jesús dijo que el que no tenga pecado tire la primera piedra. Un Jesús que estuvo atento a corregir, pero siempre con amor.

El camino de salida a este problema es que se levante una generación de líderes con autenticidad y transparencia. Yo soy un pecador y todavía hay cosas de mi carácter que me cuesta controlar. He tomado decisiones equivocadas en el ministerio y muchas veces he actuado por motivaciones erradas. Al reconocer eso, quedo menos expuesto a crear una barrera de hipocresía que impida que otros demanden cuentas de mi vida y ministerio.

 

Lucas Leys

Presidente de Especialidades Juveniles

Publisher de Editorial Vida

Líder de mercadeo de Grupo Nelson

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